Disertación del Señor Luis Guillermo Carpio Malavasi, Rector de la UNED, al asumir la presidencia del CONARE, 4 de diciembre del 2012. 

Me corresponde, en mi condición de Rector de la UNED, asumir hoy, con honor, la responsabilidad de representar al Consejo Nacional de Rectores –CONARE-, como su Presidente. Con ello contraemos el compromiso decidido de toda una Institución que se une para aportar nuestro mejor esfuerzo en la conducción de la coordinación de sus Comisiones y Sub -Comisiones durante el año venidero.

Ofrecemos trabajo perseverante y responsabilidad consecuente. Comprendemos la importancia que reviste poner énfasis en el fortalecimiento de la articulación interuniversitaria y en la promoción de una relación dinámica y participativa con todas las Instituciones Públicas y Privadas de nuestro país, posicionando un mayor involucramiento de la academia en la temática nacional.

Bajo esas premisas, quiero compartir con ustedes algunas percepciones personales en tres temas específicos; me refiero a lo que considero que debe ser nuestro papel como representantes de las Universidades Públicas de Costa Rica, del rol que la sociedad espera de nosotros y las razones que me motivan a promover nuestra unión como un verdadero sistema universitario.

1. Las Universidades Públicas en la Costa Rica Actual 

La penúltima, reciente, pero traumática negociación del FEES, me enseñó, entre muchas cosas, la necesidad de ofrecer una labor coordinada a este país. Ahí todos aprendimos que las acciones inpiduales nos debilitan, cuando nos enfrentamos con actitudes amenazantes contra el Sistema Público de Educación Superior.

Debemos sentir satisfacción y no recelo porque somos protagonistas de primera línea en la formación, por nuestro medio, de una ciudadanía más exigente, mejor informada, más crítica y que demanda excelencia, transparencia, eficiencia y rendición de cuentas. La sociedad del conocimiento pone bajo nuestra tutela la preservación de un entorno de diálogo de altura, sustraído a los intereses particulares y centrados en el bienestar colectivo, a la luz de la ciencia y del humanismo. Debemos sentir como nuestra la obligación de aplaudir la crítica social y el compromiso ciudadano.

Nuestro papel, no puede ser pasivo. La crisis, que cada vez abarca más aspectos de nuestro entorno, nos obliga a acentuar procesos académicos de análisis y discusión no sólo como guía de nuestro quehacer, sino además como instrumentos de orientación para la sociedad. Las U. Públicas deben ser voz para quienes no la tienen y brújula para quienes buscan un norte.

La Educación Superior Pública es el escenario privilegiado de conexión de la patria con sus hijos e hijas. Es por medio de nuestra función educativa y cultural que el Estado responde a la juventud, cargada con las inquietudes de nuestro tiempo. Nosotros somos instrumento para cuestionar necesidades sociales desatendidas y obligaciones institucionales venidas a menos. Somos el espacio por excelencia del empoderamiento espiritual de un pueblo sobre su futuro, porque en nuestra función educativa se plasma, en investigación, docencia, extensión y participación estudiantil, el ideario social que le da razón de ser a la vida pública.

El papel del académico debe ser activo y permanente, su labor: correctiva y preventiva. Los desajustes económicos que vivimos ya fueron objeto de advertencia y análisis por un universitario, en este caso Rodrigo Facio, quien en 1959, advirtió el devenir de un “espectáculo de conflictos sociales promovidos por los ciclos económicos con sus terribles fases de depresión; concentración de los capitales en grandes corporaciones con su secuela de abusos contra las firmas pequeñas, el obrero y el consumidor; surgimiento de la "competencia limitada o monopolística"; desocupación obrera; pugnas industriales con sus puntos culminantes de la huelga y el paro; y todo esto sin contar los problemas de la economía mundial y el creciente porcio del nivel de vida de los países industriales y los subdesarrollados".

El mismo Rodrigo Facio en el ensayo “Planificación económica en régimen democrático”, indica que “no existe una incompatibilidad inherente entre el principio del gobierno democrático y los grandes proyectos de reconstrucción económica". Para enfrentar la crisis que veía venir, planteó, en aquel entonces, dieciocho elementos para una política costarricense de planificación, que al revisarlos podríamos pensar que de haber sido escuchados por aquellos a quienes les correspondía, se podría haber prevenido mucho de lo que hoy afrontamos. Les invito a obtener más de estos artículos en los escritos: Rodrigo Facio Pensamiento y acción, recopilación de don Eugenio Rodríguez Vega. 

2. Universidades y su Relación con la Crisis Actual

Vivimos momentos confusos en nuestro sistema democrático. Las bases en las que ha crecido nuestra historia social están debilitadas. Vemos hoy como nuestras Instituciones insignes están destrozadas, carcomidas y con dificultades de supervivencia, y nuestra actuación ha sido débil.

Como universitario, siento responsabilidad de no haber sabido prevenir esta situación, la crisis de la Caja Costarricense de Seguro Social es un elemento que se ha gestado por décadas y son nuestros propios profesionales, los que hemos formado a través del tiempo, esos mismos y a los que hemos depositado la confianza de su administración, los que hoy son cuestionados. El mal solo progresa, cuando el justo calla. Existe abuso, es cierto, y nuestro pueblo se siente defraudado.

Pero no sólo la clase política ha cercenado nuestras bases democráticas, sino también nuestro silencio. Fallamos si no ofrecemos a nuestro pueblo, la voz de advertencia, la crítica temprana, la prevención y mucho más: la solución.

Hagamos valer una voz universitaria fuerte y oportuna. Las buenas señales aparecen, como en las recientes manifestaciones de repudio y censura al peligroso e imperdonable conflicto de poderes.

Seguimos viviendo esas y otras controversias que han fragmentado el alma nacional al sentir las consecuencias que se derivan de modelos de políticas públicas que hacen aguas por doquier. No podemos, solo por ejemplo, contemplar con pasividad como se advierte la posible insuficiencia de nuestros sistemas de pensión, sin que la academia ofrezca análisis, visiones y alternativas que reflejen esta preocupación y las Universidades pueden aportar su experiencia y conocimiento.

De igual manera la voz del CONARE no puede quedar impasible ante la ausencia de rendición de cuentas de los programas sociales y la carencia de balances de costos y beneficios en las políticas de bienestar social. Ni qué decir de la creciente generación de riqueza nacional que no ha impedido que nos hayamos convertido en el único país en Latinoamérica con una tendencia de agravación de la desigualdad y la exclusión.

Esta situación que no es, lamentablemente un hecho aislado, nos plantea la responsabilidad social que tenemos como conciencia académica de ofrecer un espacio comprometido ya no solo de reflexión sino de acción.

La actividad académica, debe resurgir en el consciente colectivo como una alternativa a los problemas nacionales, y cambiar cierta pasividad como bien lo indica el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en su libro "la civilización del espectáculo": "Porque un hecho singular de la civilización del espectáculo es el eclipse de un personaje que desde hace siglos y hasta hace relativamente pocos años desempeñaba un papel importante en la vida de las naciones: el intelectual. Lo cierto es que la participación de hombres (y mujeres) de pensamiento y creación en la vida pública, en los debates políticos, religiosos y de ideas, se remonta a los albores mismos del Occidente.

En nuestros días, el académico y el intelectual se han esfumado de los debates públicos, por lo menos de los que importan. El temor al riesgo es, en muchos, más fuerte que su compromiso con la verdad. Es cierto que algunos todavía firman manifiestos, envían cartas a los diarios y se enzarzan en polémicas. Pero no se comprometen con la acción civil que propone soluciones. Por eso sus opiniones, muchas veces recetas mágicas, desligadas de la vida social orgánica, no tienen repercusión en su entorno colectivo, cuyos asuntos económicos, institucionales e incluso culturales se deciden por el poder político y administrativo y los llamados poderes fácticos, entre los cuales los intelectuales o aplauden o brillan por su ausencia.

Conscientes de la desairada situación a que han sido reducidos por la sociedad en la que viven, la mayoría de los intelectuales han optado por la discreción o la abstención en el debate público. Confinados en su disciplina o quehacer particular, dan la espalda a lo que hace medio siglo se llamaba el “compromiso” cívico o moral del escritor y del pensador con la sociedad.”

3. CONARE y su Agenda Universitaria para el 2013

Nos enfrentamos a un año venidero muy particular, no es un año cualquiera. No sólo porque nos corresponde un período pre-­‐electoral, propicio al debate de alternativas, sino porque con facilidad en estos períodos los problemas pierden su dimensión humana y adquieren los rasgos sesgados de la política partidaria, llevando los problemas a su mínima expresión y dejando de lado los temas más urgentes y sentidos.

Debemos ser cautos, pero firmes. En nuestra agenda universitaria, enfrentaremos una nueva negociación del FEES para los años 2014 y 2015 la que pretende llevarnos en ascenso al 1.5% del Producto Interno Bruto, porcentaje que consideramos clave para replantear una Educación Superior para Costa Rica que obedezca a las expectativas de desarrollo que se están forjando y establecer así aportes más realistas, más pertinentes y sobre todo más solidarios con la agenda nacional de educación.

Nos corresponde además consolidar el ofrecimiento del Gobierno del ya aprobado financiamiento de los $200 millones que se ejecutará por medio del Banco Mundial y garantizar que la Asamblea Legislativa le otorgue su aprobación para ejecutar el proyecto, así como el plan para el Fortalecimiento de la Educación Superior. Después de conocer las iniciativas presentadas por las cuatro Universidades, podemos pensar que el aporte que dará este plan marcará nuevos horizontes para la Educación Superior, al permitirnos saldar muchas de las carencias históricas en infraestructura, equipamiento y mejora de las capacidades.

Conscientes del esfuerzo nacional que significa asumir este préstamo internacional, las Universidades han sido las primeras en exigir que la educación pública superior tuviera los medios para responder a las crecientes demandas de personal especializado que exige la sociedad del conocimiento y el tejido productivo nacional.

Eso no nos permite ser “neutrales” a la hora de examinar las contribuciones fiscales necesarias, la necesidad de su carácter socialmente progresivo y de la participación universal de todos los que se benefician de la inversión pública educativa.

No está demás decir que hemos entrado a este proceso guardando por siempre la integridad de nuestra autonomía y dejando en buen resguardo la Institucionalidad tradicional de las Universidades Públicas de Costa Rica.

Sin la menor duda, enfrentamos así nuevos retos nacionales y sobre todo nuevos desafíos de la Educación Superior pública. Está a las puertas la discusión de la aceptación dentro del CONARE de la Universidad Técnica Nacional, UTN, situación que esperamos quede dilucidada en los próximos meses y se resuelva así su incorporación como la quinta Universidad pública de Costa Rica, adscrita al Convenio de Coordinación de la Educación Superior Universitaria Estatal.

Además dejo de manifiesto como universitario, que nuestros esfuerzos deben estar encaminados en disminuir las brechas que nos lleven a tener una Educación Superior con más cobertura, más equitativa y sobre todo más democrática. Por eso estamos obligados a desarrollar continuamente la excelencia que demanda nuestra ciudadanía. Esa debe ser la más importante medida contra la que tenemos que contrastar nuestras acciones.

Enfrentados como estamos a grandes carestías, nuestra vocación de servicio, escudo y emblema de la Educación Superior Pública, nos obliga a encarar los retos anticipando situaciones, proponiendo soluciones, promoviendo el diálogo participativo y, sobre todo, escuchando a las y los estudiantes y docentes, ciudadanos y ciudadanas, que siempre ven lo que no vemos y abogan por una salida. No superaremos nuestros retos nacionales si nosotros no interiorizamos que nuestra gestión sólo mejora si nosotros mejoramos y solo cambia si nosotros asumimos el cambio. No propongo un cambio de paradigma técnico en la gestión universitaria pública, sino un cambio de paradigma humano. No llegamos a cumplir una agenda que ya nos ganamos “en propiedad”, sintiéndonos indiferentes a la crítica. Llegamos a servir, una palabra simple y un concepto grande. 

Muchas gracias.