Aunque el crecimiento de las ciudades suele asociarse con la pérdida de naturaleza, la vida silvestre demuestra una sorprendente capacidad de adaptación. Un estudio del investigador Julián Monge‑Nájera, del Laboratorio de Ecología Urbana de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), plantea que las capitales provinciales de Costa Rica tienen un alto potencial para albergar corredores biológicos urbanos, capaces de reconectar áreas verdes y favorecer la biodiversidad en entornos urbanos.

El problema
A medida que las ciudades se expanden, los espacios naturales quedan fragmentados en pequeños parches aislados. Esta fragmentación reduce el tamaño de las poblaciones de plantas y animales, aumenta el riesgo de extinción local y debilita los servicios ambientales que la naturaleza brinda a las personas, como la purificación del aire y el control de inundaciones.
En Costa Rica, este proceso es evidente incluso en ciudades con una notable riqueza biológica, como San José, donde aún se registran cientos de especies de plantas, pese a la intensa urbanización.
¿Qué hizo el investigador?
En su análisis, Julián Monge‑Nájera examinó las principales capitales provinciales del país, tanto las del Valle Central como las periféricas, para identificar ríos, quebradas y zonas verdes públicas que podrían funcionar como corredores biológicos urbanos. Estos corredores son franjas de vegetación que conectan espacios naturales aislados y permiten el desplazamiento de especies dentro de la ciudad.
El estudio evaluó ciudades como Alajuela, Cartago, Heredia, Liberia, Limón, Puntarenas y San José, analizando la cantidad de áreas verdes existentes, su conexión mediante ríos y las oportunidades reales de interconexión mediante vegetación urbana, jardines, filas de árboles y márgenes de ríos.
Principales hallazgos
El análisis reveló que casi todas las capitales provinciales cuentan con ríos y zonas verdes que podrían integrarse en una red de corredores urbanos, aunque actualmente están poco conectadas entre sí. Limón y Liberia muestran conexiones parciales, mientras que Puntarenas carece de ríos que articulen sus áreas verdes. San José, pese a tener más de 50 zonas verdes públicas, presenta una conectividad limitada entre ellas.
El estudio propone que los corredores no tienen que ser grandes parques: pueden construirse mediante cadenas de jardines caseros, vegetación a lo largo de aceras, cercas vivas y filas de árboles. Estas soluciones, de bajo costo, permitirían el paso de animales, la conservación de plantas nativas y la mejora del entorno urbano.
¿Por qué es importante este estudio?
Según Julián Monge‑Nájera, los corredores biológicos urbanos no solo benefician a la biodiversidad. También ayudan a regular el ciclo del agua, purificar el aire, embellecer las ciudades y mejorar el monitoreo de la contaminación atmosférica. Además, su implementación no requiere grandes presupuestos, sino participación ciudadana y asesoría técnica especializada.
El estudio demuestra que la conservación de la naturaleza no es exclusiva de parques nacionales o áreas rurales. Con planificación y compromiso comunitario, las ciudades costarricenses pueden convertirse en aliadas de la biodiversidad y en espacios más saludables para quienes las habitan.
Referencia:
Monge-Nájera, J. (2013). Potencia de las capitales provinciales de Costa Rica para albergar corredores biológicos urbanos. Ambientico, 232, 233, 75-80.

