En el corazón de la sociología contemporánea late una pregunta fundamental: ¿quién tiene el poder de definir la identidad? Durante décadas, el estudio de la mujer ha estado frecuentemente mediado por miradas externas que, según estereotipos culturales, han tendido a reducir su agencia a roles pasivos. Sin embargo, comprender verdaderamente la dinámica social exige un giro total: es indispensable escuchar a las mujeres. Un estudio realizado por Julián Monge‑Nájera y Karla Vega Corrales analizó cómo se describían las modelos de glamour de Estados Unidos durante los inicios del modelaje en línea, específicamente en el año 2001. Sus hallazgos desmontan la idea de que estas mujeres se veían a sí mismas como figuras pasivas o como simples “objetos sexuales”, y plantea una mirada más compleja y empoderada sobre su rol en la industria.

02 2011 glamour

¿Cuál era la pregunta de la investigación?

Los autores buscaban responder dos preguntas centrales:

  1. ¿Se percibían estas modelos como agentes activos —con control sobre su imagen y decisiones— o como personas pasivas sometidas al mercado?
  2. ¿Influyó el origen geográfico —y por tanto el nivel de conservadurismo social— en la decisión de ser modelo de glamour?

¿Qué hicieron los científicos?

El estudio examinó todas las auto‑descripciones publicadas por modelos estadounidenses en el sitio GlamourModels.com durante 2001, uno de los primeros espacios de modelaje en línea.
Los investigadores recopilaron información sobre:

  • Lugares de origen de las modelos
  • Tipos de fotografía que aceptaban o rechazaban
  • Palabras usadas para describirse a sí mismas
  • Actividades personales, estudios y aspiraciones

Este enfoque permitió construir un retrato detallado de cómo estas mujeres presentaban su identidad en un espacio emergente como Internet.

¿Qué descubrieron?

1. Las modelos se describían como mujeres activas, responsables y creativas

Lejos de la imagen de pasividad, las auto‑descripciones incluían palabras como:

  • “trabajadora”,
  • “creativa”,
  • “profesional”,
  • “inteligente”,
  • “versátil”.

También hablaban de su rol artístico, su control sobre la imagen y su capacidad para colaborar con fotógrafos.

2. Marcaban claramente sus límites laborales

Aunque aceptaban varios tipos de fotografía con desnudos, dejaban explícitamente claro lo que NO harían, como pornografía, videos sexuales o trabajos explícitos.
Ejemplos comunes incluían frases como “no acepto pornografía dura” o “no hago contenido adulto”.

3. Sus motivaciones no eran exclusivamente económicas

La mayoría señalaba que el modelaje:

  • les permitía expresarse,
  • les daba libertad,
  • las conectaba con el arte,
  • las hacía sentir realizadas.

Para muchas, el modelaje era un complemento creativo, no la principal fuente de ingresos.

4. No había menos modelos en estados conservadores

Contra lo que se esperaba, los estados conocidos como “Bible Belt” no estaban subrepresentados.
La distribución coincidía más con el tamaño de la población que con factores culturales o religiosos.

5. Se presentaban como mujeres multidimensionales

Muchas mencionaban estudios universitarios, habilidades tecnológicas, deportes, lectura, arte y actividades al aire libre.
Este énfasis contrasta con el estereotipo de modelos como personas sin formación o intereses propios.

¿Por qué es importante este estudio?

El trabajo de Monge‑Nájera y Vega Corrales evidencia que incluso en los inicios del modelaje web —una industria a menudo criticada por cosificar a las mujeres— las propias modelos se mostraban como agentes conscientes, creativas y con una clara noción de límites profesionales.

Además, el estudio sirve como línea base histórica para entender cómo ha cambiado la autopercepción de las modelos en la era digital, donde redes sociales y plataformas de contenido han transformado radicalmente el trabajo visual femenino.

 

Referencia: 

Monge-Nájera, J., & Vega, K. (2011). Self view of women’s bodies and characteristics in early glamour website models. Cuadernos de Investigación UNED, 3(1), 45-51.