hojarasca 100

¿Puede una plantación de cipreses o un bosque secundario imitar las condiciones de un bosque primario? Esa fue la pregunta que se planteó Zaidett Barrientos, del Laboratorio de Ecología Urbana de la UNED, en un estudio realizado en la Reserva Forestal Río Macho, Costa Rica.

Barrientos comparó tres tipos de hábitats: un bosque primario, un bosque secundario de 15 años y una plantación de ciprés (Cupressus lusitanica) de 40 años. El objetivo era evaluar si las estrategias de restauración lograban reproducir tres características clave del suelo forestal: la humedad, la profundidad y la cantidad de hojarasca, elementos fundamentales para la biodiversidad y el funcionamiento ecológico.

Durante un año, se tomaron muestras trimestrales en 96 sitios, midiendo la humedad de la hojarasca, su profundidad y la cantidad de hojas acumuladas. Los resultados fueron claros: ninguna de las estrategias de restauración logró imitar los patrones del bosque primario.

La hojarasca del bosque primario fue la más húmeda y estable durante todo el año (promedio de 73.2%), seguida por el bosque secundario (63.3%) y la plantación de ciprés (52.9%). Además, la profundidad y cantidad de hojarasca fueron significativamente mayores en el bosque primario, lo que sugiere una estructura más compleja y favorable para la vida silvestre.

¿Por qué importa esto? Porque la hojarasca no es solo “basura vegetal”: es el hogar de innumerables especies, regula la humedad del suelo, previene la erosión y participa en el ciclo de nutrientes. Una capa de hojarasca más profunda y húmeda favorece la biodiversidad, desde microorganismos hasta moluscos terrestres, y mejora la salud del ecosistema.

El estudio también reveló que factores como el clima, la cobertura vegetal, la composición y la estructura del sotobosque y del dosel influyen en la dinámica de la hojarasca. Por ejemplo, en abril, los fuertes vientos aumentaron la acumulación de hojas en el bosque primario y secundario, mientras que, en octubre, las lluvias compactaron la hojarasca, reduciendo su profundidad.

La conclusión es contundente: restaurar un bosque no es solo cuestión de tiempo o de plantar árboles. Se necesita considerar cuidadosamente qué especies se utilizan, cómo se desarrolla el sotobosque y qué condiciones se generan en el suelo. Solo así se podrá recuperar la complejidad ecológica que caracteriza a los bosques primarios.

 

Referencia:

Barrientos, Z. (2012). Dynamics of leaf litter humidity, depth and quantity: two restoration strategies failed to mimic ground microhabitat conditions of a low montane and premontane forest in Costa Rica. Revista de Biología Tropical, 60(3), 1041-1053.