En Semana de la Diversidad Sexual se realizó el foro: “Experiencias de discriminación que liberan”

Actividad fue organizada por el Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE), la Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades (ECSH), el Instituto de Estudios de Género y la Federación de Estudiantes de la UNED (FEUNED)

 

Con el propósito de visibilizar situaciones de discriminación más allá de la unión de parejas del mismo sexo y reflexionar acerca de temas más preocupantes como el maltrato y atropello de los derechos humanos y de la dignidad de las personas en todos sus ámbitos, varias dependencias de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) llevaron a cabo el foro "Experiencias de discriminación que liberan".

 

La discusión se realizó en el marco de la Semana de la Diversidad Sexual, actividad que fue apoyada por la comunidad universitaria y respaldada por el Consejo Universitario, órgano que declaró a la UNED como una institución libre de discriminación, sea por razones de identidad de género, orientación u opción sexual, pertenencia étnica, religión, condición de discapacidad física, edad, clases sociales o cualquier otro tipo de diferenciación.

 

Cabe mencionar, que la Semana de la Diversidad Sexual se unió al Festival Interuniversitario en conmemoración del Día Nacional contra la homofobia, la lesbofobia y la transfobia.

 

Las dependencias que organizaron el foro "Experiencias de discriminación que liberan" fueron el Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE), la Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades (ECSH), el Instituto de Estudios de Género y la Federación de Estudiantes de la UNED (FEUNED).

 

Para hablar de este tema, los organizadores invitaron a Julia Enríquez; María Félix Montenegro y a Antonio Matamoros, quienes contaron sus experiencias respecto al tema de discriminación y diversidad. Quien moderó la mesa redonda fue Luis Paulino Vargas, director del CICDE.

 

Según Vargas, el objetivo de la actividad fue visibilizar situaciones extremas de discriminación, así como la valerosa lucha realizada por personas que han enfrentado esa violencia y han logrado sobreponerse.

 

"El propósito fue generar conciencia alrededor de asuntos tan extremadamente delicados para la dignidad de las personas, visibilizar la faceta sociocultural subyacente y contribuir a la formación de una sensibilidad informada, respetuosa y solidaria", manifestó Vargas.

 

De los invitados, quien expuso primero sus experiencias fue Julia Enríquez, seguida de María Félix Montenegro y finalizó Antonio Matamoros.

 

Julia Enríquez

Nací en Honduras, tengo 42 años y al igual que todos ustedes, pertenezco a este realismo mágico... Yo decido desde muy temprano y por una influencia en mi casa y mi familia dedicarme a las artes, sin embargo, yo me incliné más por la música, pero mi familia no estuvo contenta con eso y me dijeron que estudie algo más serio, entonces decidí estudiar Historia del Arte.

 

Debido a mi formación profesional pude involucrarme en muchas cosas, participé en protestas y diversos movimientos sociales, entre ellas el feminismo, el cual me ha liberado. Soy migrante, viajé a Chile y hoy estoy aquí. Nací en un sistema patriarcal y desde el principio he visto que este siempre me subyuga y me hace crecer en desventaja.

 

Recuerdo la historia de mi madre, quien decía, "si es niña le enseñaría a tejer y si es niño tiene que ir la universidad"; me enseñaban a que había que servirles a los varones primero y después las mujeres, pero en ese momento no sabía cómo hacer la ruptura; pero después decidí hacerla de manera intelectual.

 

En los años 80 tuve mi primer contacto con el comunismo, después tengo mis primeros contactos con el feminismo y esto me ha seguido educando, desmontando y desestructurando. Actualmente, yo soy la Julia Enríquez que se define como una mujer lesbiana; antes era bisexual. Por eso, siempre digo que la sexualidad es cambiante, no es estacionaria, pero la gente no quiere entender eso, ellos quieren que todos sigamos las normas estándares.

 

En este momento hay una eteronormativa, la cual es opresora como la religión... A pesar de mis experiencias pasadas, un día decido seguir esa eteronormativa pues después de estar en Chile regresé a Honduras, donde conocí a un chico de Costa Rica, con quien me casé y me vengo a vivir a este país. En ese momento, la Julia Enríquez guardó todo y me convertí en ama de casa y mamá pues en la actualidad tengo un hijo de 17 años... Después, como una decide muchas cosas y la vida tiene otras, me fui con la adrenalina y la intensidad de la capacidad del sentimiento, fue entonces que me di cuenta que me había enamorado de la compa de mi amiga, pero por esas eteronormativas sufrí mucho pues nunca pude expresarle lo que yo sentía por ella.

 

Fui ahí cuando sentí que ese proyecto de vida no era para mí y decidí hacerle caso a mis sentimientos y convicciones. Al momento que decido separarme de mi esposo, resulta que en la empresa que trabajaba se dieron cuenta de ello y un día simplemente me dijeron que ya no trabajaba más en ese lugar. Después de esa situación he tenido muchos encuentros discriminatorios, principalmente por mi orientación; es por eso que digo que si más allá de ser lesbiana, homosexual o lo que sea, soy una mujer que nació en el sistema patriarcado que me odia, pero hay que transformarlo. Hay que desaprender para aprender.

 

Antonio Matamoros

 

Provengo de Miramar de Montes de Oro de Puntarenas; fui campesino, y ahora tengo una profesión en áreas de desarrollo rural y agrícola, trabajé en África, en Mozambique, para las Naciones Unidas.

 

Hoy les vengo a hablar de la discriminación que existe acerca del VIH (Virus de la Inmuno Deficiencia Humana). Considero que antes que la discriminación hay un prejuicio, y la discriminación que uno va notando con el VIH es más que nada una enfermedad muy mental. Tengo 27 años de ser cero positivo desde que en 1987 me diagnosticaron esa enfermedad. En realidad, me hice la prueba por miedo y por terror, pues como era una enfermedad por contagio y de transmisión sexual y decían que era mortal decidí hacérmela; sin embargo, después de investigar y por experiencia propia, puedo decir que esto es mentira.

 

Si usted va a las leyes de la medicina, el virus nunca está tanto tiempo en un cuerpo pues no es posible, al menos eso dijeron tres premios Nobel de la Paz, quienes contradicen la versión oficial y están en contra de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

Desde mi opinión, esas versiones oficialistas les favorecen a las farmacéuticas transnacionales. Pero más allá de eso, lo importante es hablarles acerca de cuatro experiencias que personales donde el prejuicio y la discriminación se han hecho presentes.

 

El primero, recuerdo que estábamos en el hospital Calderón Guardia y debido a mi tratamiento, ellos me pusieron una estrellita verde, que raro dije; luego noté que no me querían atender y así pasé varias horas. Ya cansado de la espera, me acerqué a los que estaban en el laboratorio y les pregunté por qué no me atendían, cuando uno de ellos me dijo que no lo hacía porque yo tenía VIH y que ellos no se podían contaminar.

 

En mi segunda experiencia, llegué donde una amiga de muchos años, al contarle lo que me estaba pasando, ella me dijo que me tirara a un guindo por la carretera que va hacía San Ramón pues el Sida es una enfermedad fatal y que era mejor que me mate, antes de sufrir.

 

En otra oportunidad, me di cuenta que llevaron a un muchacho un poco afeminado al hospital para hacerle algunos exámenes pues tenía algunos síntomas particulares, los cuales confundieron de inmediato por la forma de ser de este muchacho, que era un poco amanerado; pero sin siquiera tener los resultados médicos, los doctores le mandaron a tomar retrovirales, sin embargo, después del resultado de las pruebas médicas, estas decían que el muchacho no tenía nada; ahí se dio un prejuicio enorme porque los médicos asumieron que por ser amanerado, este tenía Sida.

 

Una vez me fui al hospital México, en eso el doctor abre el expediente médico de un paciente que tenía el VIH y de una vez dijo "otro playito". Es por eso que digo que tenemos que reflexionar acerca de los prejuicios y la discriminación pues si no hacemos esa práctica, todo seguirá siendo igual o peor.

 

María Feliz Montenegro

 

Soy inmigrante, vengo de un país clasista, racista y discriminatorio, que por mi condición de ser gay me discrimina.

 

Me hice "puta" porque no me daban trabajo por mi condición de ser gay. Soy de la calle y mi profesión la hice en la calle, en la noche trabajaba como prostituta y en el día estudiaba, gracias a ello, pude lograr mis metas y ahora soy chef en una prestigiosa empresa, donde todos me respetan, no por el cargo que ocupo, sino por lo que soy y por el esfuerzo que desempeño en ese lugar.

 

En la actualidad, me considero transexual y estoy orgullosa de ello. Por tantos ataques, insultos y maltratos que recibí, hoy puedo decir que ya perdí el miedo, perdí el miedo de todo, o como digo yo, me volví "care barro" pues ya todo me resbala y ahora tengo una coraza muy dura, que nadie me puede hacer daño.

 

Trabajar en la calle es terrible, hasta humillante pues las personas te denigran y te insultan solamente por tu condición, en mi caso, por ser transexual. En la actualidad, tengo una hija de dos años pues me la regalaron desde que tenía un día de nacida; yo no sabía en qué rollo me metí, pero de ella aprendí muchísimo, pero las críticas no se han hecho esperar y me han dicho de todo, pero como dije, ya no me importa lo que diga la gente. El hecho de ser transexual no quiere decir que no tenga amor para mi hija; gracias a Dios la calle me ha servido de mucho porque me ha enseñado a enfrentar la vida.

 

Ser transexual no es una enfermedad, sino que es un don y una prueba que Dios me ha puesto en el camino, con la cual tengo que salir adelante, a otras personas les ha dado otros dones y yo me siento contenta con lo que él me ha dado.

 

Si desea ver el foro completo, ingrese a la página www.ondauned.com

 

 

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