Académico afirma que alcances de diálogo multisectorial convocado por el Gobierno eran esperables

No son los acuerdos que Costa Rica necesita, pero son los acuerdos que Costa Rica hoy es capaz de darse a sí misma”, afirma catedrático de la UNED

Una vez terminado el diálogo multisectorial convocado por el Gobierno de Costa Rica en busca de soluciones a la actual crisis económica, el economista y catedrático de la UNED, Luis Paulino Vargas Solís, afirma que el proceso “llegó más o menos a donde se podía esperar”, algo así como “arar con los bueyes que tenemos”.

“Partamos de una constatación perfectamente obvia: tratándose de un proceso de diálogo entre sectores tan diversos y heterogéneos, absolutamente nadie podía pretender que sus preferencias ideológicas y políticas quedasen totalmente recogidas ahí, como tampoco nadie debía esperar que todos aquellos puntos de vista con los que disiente o que le incomodan, fuesen excluidos”, indicó el académico.

En su blog “Soñar con los pies en la tierra”, Vargas Solís acotó que “también, debemos admitir que el diálogo multisectorial convocado por el gobierno de Carlos Alvarado, llegó más o menos adonde se podía esperar, según las condiciones propias de la sociedad costarricense actual, tan terriblemente dividida y fragmentada”.

El director del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE) de la UNED destacó un “mérito innegable” de la mesa de diálogo: “logró romper, siquiera en parte y siquiera por unos días, el enconchamiento: sectores diversos y heterogéneos debatieron y se vieron obligados a llegar a ciertos mínimos acuerdos”.

“No son los acuerdos que Costa Rica necesita, pero son los acuerdos que Costa Rica hoy es capaz de darse a sí misma. Y si un ejercicio similar se hiciese en otros espacios -la Asamblea del Banco Popular, por ejemplo- yo no esperaría que los resultados fuesen muy distintos. Sería la misma Costa Rica -aunque quizá con una representación multisectorial más diversa- la que se siente a debatir y a intentar acordar algo. Difícilmente podría ser mejor. Seguramente veríamos reiterarse similares luces y sombras”, agregó.

“En concreto: es claro que los resultados finales ratificaron la hegemonía ideológica del gran poder económico, aquí representado por las cámaras empresariales. Cierto que los sindicatos lograron mantener en pie ciertas líneas rojas. Lo del “empleo público” o la exención del salario escolar, por ejemplo”, apuntó.

Vargas Solís comentó que “las cámaras, por su parte, lograron sostener sus propias líneas rojas”, entre ellas ningún gravamen a la riqueza de los “muy ricos”, trato diferenciado a rentas de capital, y la preservación de los privilegios de las zonas francas, “que no solo implica proteger al capital transnacional, sino también a las empresas nacionales a las que, graciosamente, hoy se les han abierto portillos para que, mediando algunos eufemismos poco imaginativos, puedan ubicarse en zona franca, para así liberarse del pago de impuestos”. 

Desde el punto de vista propiamente económico, los acuerdos asimismo reflejan la hegemonía de las tesis ortodoxas, dijo el economista como por ejemplo la venta de la cartera crediticia de CONAPE al Banco Popular, así como la presunta emisión de bonos “cerocupón” a 10 años, que “es un mecanismo disfrazado de parcial renegociación de la deuda interna”.

“Esa hegemonía de la economía ortodoxa se refleja también en las propuestas de reactivación económica. Eso sí, resalto como novedoso y muy positivo el logro de las organizaciones de mujeres en materia de política de cuido”, indica.

Por lo demás, “lo que se ofrece es un ramillete de medidas “ofertistas” mil veces reiteradas: crédito, apoyos a MIPYMES, formación técnica de la mano de obra, redes de Internet, etc. ideas positivas y necesarias, aunque perfectamente inofensivas desde el punto de vista de la reactivación de la economía. Puesto que lo que hoy sufrimos es un desplome catastrófico de la demanda, nada de eso lo resolverá”, agrega.

El académico asevera: “tengo claro que tiene sus limitaciones, como tengo claro que no era esperable mucho más. Es que el diálogo difícilmente podía ser otra cosa, sino el reflejo de las realidades fragmentadas y asimétricas de nuestra sociedad. El blindaje de intereses sectoriales estuvo presente, como también se evidenció la hegemonía de ciertos intereses, de cierta ideología y de ciertos enfoques económicos”.

“Claro que el diálogo obligó a esas corrientes dominantes a escuchar y a debatir con otros puntos de vista, lo que no es poca cosa en una sociedad de la que desapareció el debate pluralista. Pero también resultaría ingenuo esperar que no se hiciese sentir la diferencia entre las voces atronadoras y las voces casi completamente inaudibles”, concluyó. 

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